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    Historia

    Mensaje por Admin el Jue Ago 03, 2017 4:53 am

    Historia
    Welcome to the madness

    New York 1880



    En los últimos años las pacíficas calles de la ciudad de New York se habían visto envueltas por una preocupante crecida de la población de enfermos mentales, que aterraba a los convulsionados neoyorquinos.  Los rumores de las causas corrían como el agua y en menos de lo que se podría imaginar, la población ingenua comenzaba a  sucumbir ante el terror que se sentía con fuerza en las calles.
    Hombres mujeres y niños  se dejaron llevar por la misma paranoia permitiendo así que sus frágiles mentes se contaminaran por el mero pánico, haciendo que en este punto se agravara más toda la situación.

    Debido a toda la desinformación existente y el gran desconocimiento que había sobre los trastornos mentales muchos tenían la creencia que hasta se transmitiesen por medios insólitos: por vía área, por algo en el agua, o que se trataban de trastornos hereditarios. Llegado este punto el gobierno no podía permitirse que las personas corrieran por las calles de forma descontrolada hasta acabar con el orden público, temiendo que la locura terminara por hacer caer a la ciudad entera. Entonces se debió buscar una solución al problema; se financiaron cientos de nuevas edificaciones con el fin de convertirlas en asilos mentales, una institución especializada para aquellas personas que bailaban sobre el hilo entre la cordura y la pérdida total de sus cabezas.
    De entre todas aquellas obras que buscaban apaciguar a los ciudadanos destacó el llamado proyecto Collingwood.

    En Filadelfia, Pensilvania, EE. UU. Benjamin Rush (1746-1813) fue un pionero de la ciencia, destacando sus trabajos en el amplio panorama del campo mental a partir de la química. Basado en su legado, su hijo, William Rush, se tomó el atrevimiento de continuar con sus investigaciones al fallecer su padre y mentor. Abandonando su ciudad natal para buscar nuevos horizontes, halló  la ciudad de Nueva York, donde ya por entonces se veían los preocupantes cambios en el estado mental general de la población causados por el estrés y la presión social, además de patologías propias de las personas afectadas. Pero incluso así el legado de Benjamin no llegó a plasmarse si no hasta que su nieta, Mary Antonette Rush, tomó la iniciativa final de ponerle un fin al terror de las calles. En 1885 el Collingwood Lunatic Asylum comenzó a ser construido cimiento por cimiento en un terreno privado de la familia Rush con un total de 105 Hectáreas, la cual al encontrarse en plena zona rural fue llamada "la granja de los lunáticos". Pero pronto aquel inicial proyecto quedó pequeño para las expectativas de Mary Antonette. En 1895 finalmente se propuso la modernización y ampliación del edificio con el propósito de albergar a miles de personas en el mismo: No solo a los enfermos mentales, sino que también a todo el personal de la institución.

    Desde el primer día que el hospital se puso en funcionamiento se había fijado una meta y era buscar la solución a las enfermedades mentales mediante un estudio intensivo que requería de claras pruebas y experimentaciones pero… ¿A quién le gustaría escuchar que sus parientes y amados seres estaban siendo utilizados como conejillos de indias dentro de las paredes que se supone curarían su enfermedad?
    Por debajo de la alfombra y siempre ocultos de la mirada pública, Mary Antonette había visto un gran futuro en dejar que investigadores científicos, alocados psiquiatras y lunáticos cirujanos llevaran a cabo sus investigaciones privadas operando y sometiendo a tratamientos inhumanos a los ingresados de la institución, con el vago pretexto de ser un "avance” en la medicina imprescindible para las futuras generaciones.

    Y aun llegando a permitir todas estas situaciones horrorosas para Mary Antonette no fue suficiente. Tiempo después de que la granja de los lunáticos comenzara a arrojar los primeros resultados de las prácticas clandestinas, en la oficina principal se apareció una nueva oportunidad un tanto más extravagante. El Dr. Amadeus Fried llegó buscando un espacio ideal para sus trabajos más morbosos proponiendo no solo retomar las prácticas de la lobotomía si no también buscando un espacio para poder practicar su segunda teoría. Curar enfermos mediante el uso de magia negra y rituales satánicos. La primera respuesta fue una irónica risa de burla y un simple "no" pero cuando los numerosos billetes fueron contados por montones sobre su escritorio decidió muy amablemente abrirle las puertas del segundo subsuelo de sus instalaciones para que trabaje a sus anchas y sin problemas.

    En 1904 tras una revuelta de los internos varios pacientes atendidos por el Dr. Fried quienes habían caído en cuadros de psicosis severas tras los diversos rituales a los que fueron sometidos asaltaron su oficina a primeras horas de la madrigada. Horas más tarde el cuerpo degollado del Dr Amadeus Fried fue encontrado por una de sus enfermeras. El mismo día Mary Antonette también desapareció de las instalaciones y ningún rastro de la mujer fue encontrado. Luego de este incidente muchos rumores se expandieron respecto a la reputación de Collingwood y varios rumores se generaron respecto a estos graves acontecimientos, extrañamente ninguno hizo mención de los experimentos realizados por los profesionales que allí trabajaban y sobre las acusaciones de varios hombres y mujeres asegurando que se realizaban rituales espiritistas nunca se pudo demostrar nada pues jamás se encontró una puerta que llevase al supuesto segundo subsuelo. El Psiquiátrico se cerró debido a que se habían cometido varios abusos sexuales. No fue hasta 1910 que uno de los sobrinos de Mary Antonette lo reabrió solo admitiendo pacientes de género masculino para calmar las críticas generadas anteriormente.



    New York 2017




    Con el paso del tiempo y los avances tanto tecnológicos como arquitectónicos, Collingwood se fue convirtiendo en un gigante de la psiquiatría, hasta llegar a lo que es en la actualidad. Una edificación gloriosa de numerosos y laberínticos pasillos, en los cuales resulta sumamente fácil perderse. Un espacio dividido en diferentes secciones interconectadas mediante un túnel subterráneo que serviría como acceso de servicio. Una cárcel para todo aquel que sea internado tras sus muros, pues escapar de Collingwood es una tarea no solo imposible, sino incluso peligrosa.

    Collingwood, también llamado “El hospital de los horrores”, supo ganarse su buena cara ante la sociedad garantizando que la salud de sus internos es lo primordial y la prioridad de los misteriosos profesionales residentes de la estancia. El mando del edificio había quedado bajo un receloso hijo de la descendencia familiar que se había encargado de mantener al filo de cuidado las iniciales propuestas e intenciones de aquel proyecto descomunal que, lejos de ser una solución a la sociedad y la humanidad no es nada más y nada menos que un negocio de lucro sumamente oscuro.

    Incluso con las nuevas tecnologías, es un hecho que en “La Granja de los Lunáticos” se sigue manteniendo de forma clandestina los tratamientos experimentales que aquellos, que aun avariciosos o por simple maldad utilizan a sus enfermos como ratones de laboratorio. Sin embargo, del segundo subsuelo solo quedaron las leyendas y los terribles maleficios alguna vez causados por el Dr. Fried. y nadie ha sabido encontrar la puerta al mismo, o encontrado evidencia de la existencia de este lugar. Aun así, todos admiten alguna vez haberse cruzado con algún ente paranormal. Todos los altos rangos de la institución hacen la vista gorda, los empleados hacen y deshacen a su parecer, y los bolsillos de la cabeza principal se siguen llenando a gusto. Sin control, sin reglas. El Instituto Collingwood, un lugar tan seguro y confiable como parece por fuera está profundamente carcomido en su interior.

    Muchas vidas se han perdido a lo largo del tiempo y mientras más profundo se busca llegar en la "ciencia" más tortuosas e inhumanas se vuelven los experimentos, llegando así a un final fatal. Pero no todo termina allí pues no era para menos que aquel lugar terminara por ser un calabozo de desolación donde por la noche al caer el sol y al oscurecerse los pasillos las almas perturbadas de los antiguos pacientes regresan de la otra vida a cobrar su venganza. Se corre de igual modo los rumores, fantasmas icónicos que aparecen en determinados lugares, historias que pasan de boca en boca y entes que ya fueron catalogados por los residentes más antiguos. Algunos saben sortearlos y evitar los fatales encuentros. Otros no corren tanta suerte. Se dice incluso que Mary Antonette jamás abandonó el edificio y que tras la figura del actual propietario y directivo principal vaga siempre una sombra. La sombra de una avariciosa mujer que pagó muy caro el precio.




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